Adicción a la Ira

Una participación mas del compañero Daniel G., de “Jóvenes Protasio”. Al cual agradecemos mucho su punto de vista. La respuesta esta en cada uno de nosotros. “La Ira”, es uno de los defectos de carácter que nos impone una forma de conducta negativa, es así mismo, un problema que va asociado frecuentemente a otros defectos, veamos: (les aconsejo leerlo completo)

=> Independiente a nuestra adicción al alcohol y drogas, al juego, a la comida, a comprar cosas. Pues también habemos personas que tenemos adicción a la ira. La ira es un estado emocional normal. Cuando a uno le pisan el pie, brinca. En ese caso la ira es un sentimiento normal, con ciertos límites. Hay otro grado al cual puede llegar la ira que es lo que llamamos “la rabia”, la furia. Ese es un grado muy grande de ira, la ira normal no lleva a la agresión. Puede ser una agresión de palabra, que tampoco está bien, pero la rabia es una forma muy fuerte de sentir ira. Es la más terrible y lleva a la violencia, a la agresión.

No hay que confundir ira o rabia con resentimiento. En el resentimiento hay su parte de ira también, que la persona va almacenando, en lugar de soltarla. Esta piensa en lo que le hicieron y lo va guardando. Por eso se llama resentimiento, pues significa volver a sentir. La ira va destruyendo a la persona que la siente, no al que causó el resentimiento. Esa persona ni se entera. La ira siempre lo destruye a uno y el odio es el proceso final del resentimiento. Es una ira congelada.

Hay personas adictas a la ira. ¿Cuándo se puede decir que una persona es adicta a la ira? Cuando no tiene control sobre la ira y ésta es algo crónico, compulsivo. Entonces esa persona es adicta a la ira.

Ejemplo de ira adictiva

He oído estas frases: “A mí me importan más mis sentimientos que tú” y “Yo sé que estuve abusando de ti, pero no puedo parar, no me puedo controlar.” Una persona que no puede controlar su ira es adicta a la ira. Igual que el que está tomando, no puede controlarse. “Yo necesito mi ira más que a ti” dice la persona, lo cual significa que prefiere su ira que a cualquier ser querido. Eso es una adicción. Como ya he dicho, la adicción a la ira tiene mucha relación con la adicción al alcohol y a las drogas. Ningún adicto a la ira quiere admitir esa adicción. Es más fácil admitir que uno es adicto a una sustancia. Es un caso como el del abusador, no quiere admitir que está maltratando.

¿En qué se parecen la adicción a la ira y la adicción al alcohol? Puede haber, en ambos casos, una predisposición genética. De padres violentos, hijos violentos. En los dos casos, la ira y el alcohol se utilizan como un mecanismo para resolver los problemas. Pero resulta que ni el alcohol ni otras drogas, ni la violencia, resuelven los problemas que hay en la familia o en la persona. Ese mecanismo llega a ser autodestructivo.

En el alcohólico hay un problema emocional, hay una baja autoestima. En el adicto abusador también hay una baja autoestima. ¿Cómo quiere el alcohólico solucionar el problema? Tomando. ¿Cómo quiere solucionar el abusador esa baja autoestima? Golpeando. Esas son las explosiones de ira. Momentáneamente descarga su ira, pero cuando se da cuenta vienen más problemas, más vergüenza, más culpabilidad, en el alcohólico y en el que golpea. Para quitar esa vergüenza, esa frustración, otra vez vuelve a tomar o a golpear. Por eso los abusadores y los borrachos o drogadictos utilizan esto como un mecanismo que los va a destruir a ellos y a otras personas. Las dos adicciones tienen muchos componentes iguales. El alcohólico o drogadicto utiliza la negación igual que el que golpea o abusa. En el alcohólico hay lo que se llama la tolerancia y el que abusa, cada vez va abusando más y más. En las dos adicciones disminuye la autoestima de la persona. Si ya la tenía baja, disminuye todavía más. Ambas adicciones engendran vergüenza de sí mismo y en ambas la adicción puede ser provocada por la falta de autoestima. En las dos, también, el “yo” de la persona, queda totalmente destruido y en ambas adicciones, sobre todo lo que más se destruye son los sentimientos, la afectividad. Es la enfermedad de los sentimientos, en ambos casos.

Somos seres humanos vulnerables y por tanto nos dejamos arrastrar por nuestras emociones; especialmente la ira. Hay distintos tipos de ira. Por ejemplo, a veces la ira proviene del egoísmo o de las sospechas infundadas. En otros casos se trata de un tipo de ira que a veces contamina el espíritu y el intelecto por muchos años, y explota ante la más mínima provocación. A esto le llaman “ira desplazada”, pues su verdadera causa a menudo permanece oculta. Es obvio que se comete una injusticia al hacer a la otra persona, el blanco de nuestra ira injustificada. Sin embargo, en muchos casos la ira que sentimos está justificada. Es para nosotros un mecanismo de defensa, un modo de tratar de impedir que los demás continúen hiriéndonos.

El mantener dentro de nosotros la ira no solo acarrea consecuencias psicológicas como la depresión y espirituales como el pecado, sino que también tiene dañinas consecuencias físicas : ataques al corazón, todo tipo de enfermedades debido a un sistema inmunológico debilitado y según algunos estudios, predisposición al cáncer. Inclusive, la ira reprimida causa depresión y hasta podría llevar al suicidio o al homicidio. La ira es probablemente el mayor riesgo a la salud y la principal causa de muertes. Es imposible que una persona pueda lidiar con un problema y resolverlo, si se niega a admitir que este existe. Si no somos honestos con nosotros mismos, admitimos que sentimos ira, buscamos en nuestro interior la causa, y lidiamos con ella; no podremos tener verdadera paz.

El primer paso es admitir que sentimos ira. Examinemos detenidamente nuestras emociones y ahondemos en nuestro corazón para buscar cuál es la verdadera causa de nuestra ira.

El segundo paso es compartir esos sentimientos en la oración. Así obtendremos un poco de paz y ser felices; por lo tanto, conseguiremos sanación en los problemas que pudiéramos tener.

El tercer paso para lidiar con la ira, es consultar a un sacerdote, psicólogo o psiquiatra si es necesario. Es muy posible que necesitemos ayuda profesional; dejemos a un lado nuestro orgullo y trabajemos para ser mejores seres humanos. Una buena manera de restarle fuerzas a la ira, es utilizar esa energía hostil para algo constructivo como los ejercicios, la limpieza de la casa, etc. A veces nos ayuda escribirle una carta a la persona que nos ofendió, aunque después la rompamos.

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7 comentarios en “Adicción a la Ira

  1. Hola yo soy adicto al mal genio, odio a las personas, principalmente a los optimistas, a los que todo lo piensan bonito, SIENTO MUCHO ODIO, digánme como los contato por favor, estoy casi enloquecido.

  2. Las personas a mi alrededor son adictas, se equivocan y abusan mucho. Siento lastima por su condicion pero su ira me afecta fisica, social, laboral y eticamente. Gracias por la claridad, me ayuda a ver que no soy parte de su problema sino una victima mas

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